viernes, 6 de noviembre de 2015

Perfección en pareja...

¡Qué difícil es comenzar a escribir una historia! Todo el mundo dice eso. Lo que no te dicen es que cuando comienzas una historia, esa historia no acaba nunca, se puede tornar para bien o para mal, puede dar mil giros, tropecientos millones de tirabuzones pero esa historia no termina. Se hace difícil comenzar a escribir sobre algo, sobre todo si no lo has visto antes, sobre todo si no tienes una imagen de ello delante, pero como yo tengo ambas cosas, se podría decir que me estoy alargando demasiado en la introducción.
Hablemos de esa persona, esa persona que hace que mi tiempo sea relativo. Hablemos de esa persona que hace que en un abrazo pasen cincuenta minutos y tres estrellas fugaces. Esa persona a la que si le propones compartir tu jersey, no se lo piensa dos veces. Es una marca de perfección. El abrigo perfecto para un frío invierno. Todo lo que esperarias tener para vivir en la mejor época del año. Aparecen en todos lados imitaciones baratas de "belleza" a través de las cuales se puede ver, sin pensar en que la utilidad más allá que la de monas de feria con las que desternillarse cuando torpemente caen en alguna pasarela.
Yo te puedo mirar a los ojos y decirte sin que me tiemble lo más mínimo la voz, que esa persona tiene el canon de belleza ideal, el deseado por cualquier tribu, incluida la de los desequilibrados mentales como yo...
Que más puedes querer de una persona a la que le encanta la comida, aunque ella a la comida no mucho, que tiene las medidas exactas como para poder auparla y comertela de principio a fin y saber que es perfecta porque puedes abrazarla a la altura ideal. Que más se puede pedir de esa persona que da unos mordiscos propios del Conde Drácula, y unos besos propios de una pelicula de los años cuarenta. Esa persona que puedes ponerte encima y solo con su olor se te pone el vello de punta. Y si encima te convierte en su alimento favorito, no es solo el vello lo que se pone de punta...
Esa persona con la barriguita tan mullida que los puffs se arrodillan a su paso. Esa persona a la que la camiseta más horrorosa del mundo mundial le hace un cuerpo de escándalo. No he cambiado de persona en todo el relato y podría continuar décadas escribiendo sobre la perfección en formato físico. Necesitarías talar bosques y bosque para conseguir el papel necesario en el que cupiese escribir la sensación de acurrucarse sobe su pecho y oir el latido de su corazón. Un pecho perfecto. El pecho perfecto. Quisiera uno así si alguna vez soy mujer, y un culo tan solo la mitad de increible que el suyo. Que más puedo decir si cada vez que acuesta a mi lado hace que todo lo demás se olvide y lo más perfecto de este Universo que puedas imaginar quede en lo irrisorio...

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