jueves, 16 de marzo de 2017

Del pandi para la pandi (1673 besos)

Parece que fue ayer cuando le mandaba cada noche a mi Pandi un beso por cada noche que pasaba del quince de mayo más mil besos de regalo...
Parece que fue ayer... pero han pasado seiscientas setenta y tres noches desde entonces. Han pasado tan rápido como una estrella fugaz de la que a penas te das cuenta de que a pasado y te quedas pensando si ese deseo que le quieres pedir se cumplirá aunque llegues diez segundos tarde.

Parece que fue ayer cuando volví a casa con lágrimas en los ojos y abrazaba a mi pandi en busca de consuelo, un consuelo que solo puedes lograr contigo mismo y ella, sin embargo, mitigaba mi dolor, aunque tan solo fuera por unas horas. Ahora parece que mi mente ya se encuentra más estable la mayoría de los días aunque presente algunos altibajos, y es a ella a quien se le cae la vida encima intentando aplastarla.

Dicen que los sentimientos en las relaciones son como los contrapesos de los ascensores; uno sube cuando el otro baja y viceversa... Solo hay un punto donde ambos se encuentran y tienen a penas un momento para saludarse y volver a ponerse a pensar cuando se volverán a ver. Ese contrapeso que se desplomó y  ahora sube soy yo y me da que pensar en que ambos contrapesos puedan estar en el mismo y dejar el otro deshabitado... Pero al fin y al cabo esto solo son ficciones, casi más fantasioso que intentar viajar más rápido que la luz a través del espacio sin curvarlo...

Ahora solo puedo pensar en los besos que me faltan por dar, día tras día, para que ese beso de buenas noches (que por no prestarle la atención que se merecía cayó en el olvido) se pueda dar físicamente en la cara de la pandi. Ese abrazo de buenas noches que sea el mismo que el de buenos días...

Últimamente solo puedo pensar en si algún día los dos pandis podrán alcanzar el nirvana y estar fundidos en un solo ser aunque sea en un sueño compartido. Dicen que eso es por probabilidad un billón de veces más improbable de encontrarte contigo mismo en el vasto universo. Yo pienso que prefiero buscarlo a darlo por imposible, aunque a veces el darse por vencido parezca lo más inteligente, esta es una solución un tanto fácil y vaga que siempre pulula por nuestras cabezas.

Todo sería diferente si no hubiera dado un sprint de espíritu para poder estar con mi pandi. Es posible que ahora viviera solo, o que estuviera muy lejos de aquí. Pero los pandis somos seres de amor, seres que se necesitan mutuamente en todo momento para salir adelante, son tan necesitados de su presencia como las parejas de pingüinos. El intentar hacer una vida juntos no es nada fácil pero el placer de abrazarse una tarde entera compensa muchos males de la vida cotidiana ¿O no?

Cada abrazo es una fusión de nuestro espíritu. Un vórtice del que somos núcleo, para dejar que toda la energía del Universo fluya a través de nosotros y se nos ponga el vello de punta durante ese instante. Es un viaje a Saturno en cada abrazo y a Andrómeda, y a todo el Universo en su integridad. Lo sabemos todo sobre nosotros en cada beso, y en cada Orgasmo somos capaces de recordar todas las vidas que hemos pasado juntos anteriormente y las que que nos quedan por vivir, pues nos quedan muchas aún, es un largo camino y hay que caminar...

Así que en cada abrazo, en cada beso, en cada Orgasmo, en cada rollito de primavera que compartimos, se puede ver brotar una flor en el campo labrado de la vereda de nuestro camino. Camino que no siempre podemos allanar por donde nosotros queremos pasar, pues existen obstáculos más grandes y fuertes que nosotros mismos, pero el campo siempre quedará a nuestro lado y con un poco de nuestra parte siempre siempre lo veremos florido. Cada día recordaremos un poco más sobre el otro, que ya sabíamos en anteriores vidas, solo queda volver a vivirlo, casi como un castigo. El mejor castigo que podrían haberme adjudicado.

De esta manera tan extraña y extraída de las profundidades de mi consciente te deseo buenas noches y que te aproveche otro beso mío más, que con este van mil seiscientos setenta y cuatro.


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