Una vez conocí un gato, un gato hembra, lo que viene a ser una gata. Nos pasábamos el día maullando sobre nuestras vidas. Esa gata me pareció bastante alegre pero sin llegar a lo absurdo, maullaba coherentemente, según me contaba la iba analizando y la vi poco autosuficiente, no creo que pudiese sobrevivir fuera de la casa de su ama por mucho tiempo. Un tanto pasiva
(no mucho) hacia el exterior y la vida ajena a ella pero a la vez intentaba comprender a otros gatos. Ella maullaba y maullaba y la veía inmadura pero también veraz y al parecer apreciaba la verdad en los maullidos ajenos. Era sincera y bastante abierta a la hora de maullar sobre ella. Poseía un carácter fuerte, quizás un pelín pasado de vueltas, aunque se intentaba controlar a si misma. Antes de que saltase al tejado de la casa de enfrente me di cuenta de que tenía un punto de introvertimiento, un poco vergonzosa en un comienzo, pero nada que no se fuese maullando en el tejado a la luz de los faroles.
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