viernes, 17 de abril de 2015

Dicho del Cañar

En una noche de invierno con un gran Sol, vi una manada de cerdos volar de flor en flor. Saqué mi navaja trapera, sin mango, sin hoja y apuñalé mortalmente a uno que ya estaba muerto. La policía, que me vio, me perseguía en un carretón sin muelles, yo me escapaba cabalgando en mi caracol a la velocidad del rayo, cuando de repente me caí por un precipicio de centímetro y medio. De todo lo que me desangré a aquel lugar le llamaron el Mar Rojo. Me quedé en coma y solo recuerdo mariposas comiendo bellotas, y un viejo niño, que leía un periódico sin letras a la luz de un candil apagado. En la página 874 de aquel periódico aparecía una niña de noventa y cinco años que se había congelado en un incendio y su esqueleto sin huesos pero con carne tenía un cuchillo con el que se atravesaba el cráneo. También recordaba a la tatarabuela de mi tatarabuela entrando en mi habitación diciendo:
- ¡Dame sed que tengo agua! y se iba corriendo a congelar pedos en el brasero.
Me desperté y vi a uno de los guardias, que me mató con una roca de madera.
Al día siguiente, estando en la misa de mi entierro, el cura dijo:
-Oremos.
Y yo entendí "caguemos"
Así que me bajé los pantalones hasta las rodillas y me cagué en toas' las sillas.
Y el cura dijo:
-Atrapad a ese loco.
Y yo que había entendío' que había cagao' poco, me subí los pantalones hasta las orejas y me cagué en toas' las viejas.
La que sabía nadar, se ahogó, y la que no, mierda tragó.

No hay comentarios:

Publicar un comentario