jueves, 23 de abril de 2015
Memorias de un miau
Era de noche, quizás de madrugada. No descartemos que fuese de día. Hacía tres días que había comenzado la carrera y me encontraba totalmente perdido. Perdido mentalmente, claro. Nada más dar el pistoletazo de salida me fui a casa ya que un gato me dijo que "correr es de cobardes", y una vez allí me tiré a la cama. Me la tiré literalmente. Fue un quiqui impresionante. Tras este extraño suceso, me recosté sobre ella y ya hace tres días que me quedé en coma. Aún no había despertado y había tenido dieciséis sueños, cada cual más extraño que el anterior. Soñé con una gata de color negro, la cual me dio muy buena suerte, ya que en el siguiente sueño soñé con la misma gata negra. Y ¿Qué importancia tenia la gata ahí? No lo se, justo en mi tercer sueño soñé con un gato albino, que me miraba desde un cristal. ¿Un cristal? Quisiera decir un espejo. Era yo. Y gracias a mí no sabía lo que el futuro me deparaba. Me subí al tejado como de costumbre y me quedé observando las estrellas, estrellas en blanco y negro, bastantes bonitas he de decir. Una vez allí me quede pensando en la gata de color negro e imaginando que hubiese pasado si hubiese soñado por tercera vez con ella.
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